Primero es necesario que sepan algunas cosas de mi…
1. Yo no soy de los que creen mucho en cosas como el destino, como que todo ya está escrito en algo así como un memo celestial, que describe paso a paso todo lo que tendrás que pasar mientras deambules por esta vida. A veces las cosas serán buenas, a veces malas, algunas esperables y otras algo más curiosas y que quizás nunca te logres explicar. En fin, las cosas pasan porque suceden…
2. Desde chico fui una persona soñadora. Era uno de esos chiquitos que se podían quedar pegados en el vacío mientras la mente me hacia pasear por mi mundo interno. Aún a veces me quedo en blanco mirando a la pared. Esto me causó algunas molestias y algunos dolores, como cuando por andar en las nubes me estampé la cara contra un poste mientras caminaba de la mano de mi mamá. Ahora ya lo controlo y se también enfocarme. Probablemente lo considero como algo más de mi forma de ser y por qué no, hasta un atractivo medio particular. Bueno, así soy. Que ni que…
Hechas estas premisas y esperando se entienda su rol en mi relato, vamos con el post en si:
Cuando fui niño tuve la oportunidad de ir al jardín de niños de una tía abuela. Ella era la directora y además mi profesora. Ciertamente no tenía el mejor genio del mundo, pero tenia tanta experiencia como años y lo cierto es que tengo recuerdos agradables de esa etapa de mi vida. Por evidentes razones me decía “soñador” y yo le hacía justicia al nombre. En este jardín estudiaron todos mis primos, incluida mi hermana mayor, de modo que la familia era caserita de la tía. No la pasábamos mal y los recuerdos que aún logro retener, son todos una mezcla de actuaciones, bailes y momentos de tranquilidad y alegría.
Si hablo un poco de este lugar, es porque en el se dio inició a una de esas circunstancias de la vida que uno pocas veces puede explicarse.
Yo era un niño, lo se. Pero tal vez uno nunca es ni muy niño, ni muy viejo, para darle cabida en su interior a ideas y sentimientos que a lo mejor por algún motivo, siempre estuvieron ahí. El asunto es que… me templé. Si, aunque resulte infantil, tierno o gracioso, pasó pues.
Ella era una chiquita flaca, más alta que yo, cabello castaño y también con su buena pinta de despistada, según recuerdo (a lo mejor me sentí medio identificado). Yo era un manojo de nervios cuando estaba cerca de ella y como muchas veces siendo ya grande, no hilaba un “hola”, un “jugamos” y menos un “¿cómo te llamas?”Nada de nada, naranjas, niet. Siempre medio lentito, que hacerle. Lo cierto es que ella tampoco me daba mucha bola. Tiempo después pude saber que nunca se dio por enterada, pese a que hasta le llevé florcitas en su cumpleaños, jaja. Lentita también ella, nada que hacerle.
En fin, yo vivía en mis nubes y me la imaginaba a mi lado, dicho sea de paso, ni pude darme el gusto de bailar una sola polca con ella en alguna actuación infantil. Era por así decirlo mi amor platónico.
El jardín terminó, ella se fue y nunca pudo pasar nada (no recuerdo haber estado en el subibaja con ella) y yo me quedé con mi recuerdo y mis nubes y los postes. El tiempo iba pasando y no supe más de ella. Pasó la primaria, empezó la secundaría. Ciertamente no pensé en ella todos los días, pero algunas veces cuando volvía a mis recuerdos, la veía a ella y se me salía la sonrisa. Que cosas pensaba, tan chiquito y con esas ideas. Lo cierto es que no era ya como una persona, era más como una idea, una imagen, un recuerdo de la infancia.
Salí del colegio, entré a la universidad, terminé mi carrera y el recuerdo, junto a otras cosas que se guardan, me animaba eventualmente. Y pasó una noche, hace más de un año ya, inesperado como casi todo lo bueno sucede y en circunstancias tan distintas y en las que las cosas eran tan opuestas para ambos, que sin darme cuenta volví a verla. Y lo gracioso de esto es que supe de ella tiempo atrás y no me enteré sino hasta meses después que la había encontrado. Y también me di cuenta que siempre estuvo más cerca de lo que imaginaba.
Caí en la cuenta y abrí mucho los ojos, fue un momento ciertamente raro. Para entonces nuestras vidas sufrieron bastantes cambios, mucho más esperados quizas de lo que pensamos. Pasó el tiempo, nos alejamos un poco y nuevamente y esta vez con una fuerza extraña y energías renovadas, nos volvimos a encontrar.
Han pasado ya 6 meses de ese último e intenso reencuentro. Las cosas han cambiado mucho entre nosotros, nuestra amistad y confianza se han hecho increíblemente fuertes en tan poco tiempo. Y hoy tomo su mano, porque si, ella es ahora mi pareja, estamos juntos ya. Y la miro a los ojos, esos ojos profundos. Y me pongo a pensar… ¿cómo es que dos personas, dos almas, dos esencias, pueden seguir cursos tan distintos el uno del otro y unirse luego de tantas vueltas a la vida?, ¿es algo que alguien pudo preveer? O es que simplemente se dio como chispazo espontáneo, como chispa adecuada, como momento y personas correctas, atraídas de forma natural. La verdad es que no lo se y a lo mejor nunca lo descubro.
A veces las cosas más bonitas suceden sin que uno las entienda y creo que tal vez andar por las nubes (y ahora en las nieves) y pensar en tantas cosas buenas, me sirvan por primera vez, para encontrar una respuesta. En todo caso, ya terminado y sea quien fuera el responsable de esto y de todo lo que tenga que pasar, solo me queda algo muy simple por decir… GRACIAS
1. Yo no soy de los que creen mucho en cosas como el destino, como que todo ya está escrito en algo así como un memo celestial, que describe paso a paso todo lo que tendrás que pasar mientras deambules por esta vida. A veces las cosas serán buenas, a veces malas, algunas esperables y otras algo más curiosas y que quizás nunca te logres explicar. En fin, las cosas pasan porque suceden…
2. Desde chico fui una persona soñadora. Era uno de esos chiquitos que se podían quedar pegados en el vacío mientras la mente me hacia pasear por mi mundo interno. Aún a veces me quedo en blanco mirando a la pared. Esto me causó algunas molestias y algunos dolores, como cuando por andar en las nubes me estampé la cara contra un poste mientras caminaba de la mano de mi mamá. Ahora ya lo controlo y se también enfocarme. Probablemente lo considero como algo más de mi forma de ser y por qué no, hasta un atractivo medio particular. Bueno, así soy. Que ni que…
Hechas estas premisas y esperando se entienda su rol en mi relato, vamos con el post en si:
Cuando fui niño tuve la oportunidad de ir al jardín de niños de una tía abuela. Ella era la directora y además mi profesora. Ciertamente no tenía el mejor genio del mundo, pero tenia tanta experiencia como años y lo cierto es que tengo recuerdos agradables de esa etapa de mi vida. Por evidentes razones me decía “soñador” y yo le hacía justicia al nombre. En este jardín estudiaron todos mis primos, incluida mi hermana mayor, de modo que la familia era caserita de la tía. No la pasábamos mal y los recuerdos que aún logro retener, son todos una mezcla de actuaciones, bailes y momentos de tranquilidad y alegría.
Si hablo un poco de este lugar, es porque en el se dio inició a una de esas circunstancias de la vida que uno pocas veces puede explicarse.
Yo era un niño, lo se. Pero tal vez uno nunca es ni muy niño, ni muy viejo, para darle cabida en su interior a ideas y sentimientos que a lo mejor por algún motivo, siempre estuvieron ahí. El asunto es que… me templé. Si, aunque resulte infantil, tierno o gracioso, pasó pues.
Ella era una chiquita flaca, más alta que yo, cabello castaño y también con su buena pinta de despistada, según recuerdo (a lo mejor me sentí medio identificado). Yo era un manojo de nervios cuando estaba cerca de ella y como muchas veces siendo ya grande, no hilaba un “hola”, un “jugamos” y menos un “¿cómo te llamas?”Nada de nada, naranjas, niet. Siempre medio lentito, que hacerle. Lo cierto es que ella tampoco me daba mucha bola. Tiempo después pude saber que nunca se dio por enterada, pese a que hasta le llevé florcitas en su cumpleaños, jaja. Lentita también ella, nada que hacerle.
En fin, yo vivía en mis nubes y me la imaginaba a mi lado, dicho sea de paso, ni pude darme el gusto de bailar una sola polca con ella en alguna actuación infantil. Era por así decirlo mi amor platónico.
El jardín terminó, ella se fue y nunca pudo pasar nada (no recuerdo haber estado en el subibaja con ella) y yo me quedé con mi recuerdo y mis nubes y los postes. El tiempo iba pasando y no supe más de ella. Pasó la primaria, empezó la secundaría. Ciertamente no pensé en ella todos los días, pero algunas veces cuando volvía a mis recuerdos, la veía a ella y se me salía la sonrisa. Que cosas pensaba, tan chiquito y con esas ideas. Lo cierto es que no era ya como una persona, era más como una idea, una imagen, un recuerdo de la infancia.
Salí del colegio, entré a la universidad, terminé mi carrera y el recuerdo, junto a otras cosas que se guardan, me animaba eventualmente. Y pasó una noche, hace más de un año ya, inesperado como casi todo lo bueno sucede y en circunstancias tan distintas y en las que las cosas eran tan opuestas para ambos, que sin darme cuenta volví a verla. Y lo gracioso de esto es que supe de ella tiempo atrás y no me enteré sino hasta meses después que la había encontrado. Y también me di cuenta que siempre estuvo más cerca de lo que imaginaba.
Caí en la cuenta y abrí mucho los ojos, fue un momento ciertamente raro. Para entonces nuestras vidas sufrieron bastantes cambios, mucho más esperados quizas de lo que pensamos. Pasó el tiempo, nos alejamos un poco y nuevamente y esta vez con una fuerza extraña y energías renovadas, nos volvimos a encontrar.
Han pasado ya 6 meses de ese último e intenso reencuentro. Las cosas han cambiado mucho entre nosotros, nuestra amistad y confianza se han hecho increíblemente fuertes en tan poco tiempo. Y hoy tomo su mano, porque si, ella es ahora mi pareja, estamos juntos ya. Y la miro a los ojos, esos ojos profundos. Y me pongo a pensar… ¿cómo es que dos personas, dos almas, dos esencias, pueden seguir cursos tan distintos el uno del otro y unirse luego de tantas vueltas a la vida?, ¿es algo que alguien pudo preveer? O es que simplemente se dio como chispazo espontáneo, como chispa adecuada, como momento y personas correctas, atraídas de forma natural. La verdad es que no lo se y a lo mejor nunca lo descubro.
A veces las cosas más bonitas suceden sin que uno las entienda y creo que tal vez andar por las nubes (y ahora en las nieves) y pensar en tantas cosas buenas, me sirvan por primera vez, para encontrar una respuesta. En todo caso, ya terminado y sea quien fuera el responsable de esto y de todo lo que tenga que pasar, solo me queda algo muy simple por decir… GRACIAS

creo que solo puedo decir una cosa sobre este post... y no es muy típico en mi, pero bueno: Tierno
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